Presentación de la Revista de Estudios de Antropología Sexual
26 de septiembre de 2010
Lol Kin Castañeda Badillo
Me siento muy contenta de poder estar este día presentando el número 2 de la revista de Estudios de Antropología Sexual y quiero dar particularmente una felicitación a la doctora Yesenia Peña Sánchez y a la maestra Lilian Hernández por su afanosa labor en organizar espacios de discusión académica en torno a estos temas.
El tema de la sexualidad sigue siendo un tabú en nuestra sociedad. La “naturalización” que se ha hecho de la misma, nos limita en ocasiones a cuestionar el orden social. La sexualidad, ha sido una forma de control social, que es definida y redefinida de acuerdo al contexto social, político, cultural, religioso, económico; pero el cual, en sus orígenes ha sido definida a partir de las religiones, la medicina y el derecho, lo cual es problematizado en las valiosas aportaciones de este compendio, permitiéndonos cuestionar la sexualidad, desnaturalizarla y resignificarla.
Es desde esta lógica de cuestinamiento científico social que encontramos la ponencia “Sobre eros, homofobia y Baco”, una narrativa biográfica que nos permite mirar los alcances represivos que implican los discursos religiosos, particularmente judeo cristianos y su implicación en la instauración de la culpa como una forma de control social colectiva sobre el sujeto, haciendo el ejercicio responsable de la sexualidad como una forma de placer.
En las mujeres la maternidad sigue siendo una asignación de género como destino, no como un derecho, de esta forma, en “la gestión sobre el cuerpo, género y sexualidad en la ideología judeocristiana católica”, encontramos el hilo conductor que habla acerca los discursos normativos del cuerpo y la sexualidad, esta lógica dicotómica “normalidad versus anormalidad”, en la cual sigue siendo una imposición la definición arbitraria de la heterosexualidad monógama y reproductiva, lo que garantiza el pleno ejercicio de derechos y la no discriminación colectiva. Aquí, los líderes morales de las distintas asociaciones religiosas siguen dando pauta para la difusión, promoción y sostenimiento del “orden natural”, en el cual, las personas somos imaginadas como objetos, utilizados para cumplir y hacer cumplir los dogmas, sin cuestionarlos, generando una profunda violencia que ha desgarrados el tejido social y que sigue alentando la discriminación. La laicidad en el lenguaje y la apropiación del derecho tendrían que hacernos distinguir que un pecado, no es un delito. Nos hace pensar en la realidad de nuestro país, en donde hay tanta moral que es doble, aunque no se hable abiertamente de ello. Recordemos que tras la Conquista, las y los indígenas fueron perseguidos por su idolatría hacia imágenes totémicas y fue hasta el siglo XVIII que “se les concedió Alma”.
Como un elemento más, encontramos las “Vicisitudes del deseo amoroso en la contemporaneidad”, en donde el autor nos lleva a reflexionar respecto a las formas de amar y a su definición de acuerdo al contexto y la cultura, en donde se privilegia la lógica de asignación de género, develando la doble moral, en donde el juego de lo amoroso, alienta la utopía de la “decencia” y deja desprovisto al cuerpo como un objeto de satisfacción. Plantea que la lógica del deseo no pasa por el amor y reseña las nuevas formas de relacionarnos sexualmente, incluso virtuales, en donde cada quien asume la responsabilidad de plenitud y satisfacción sexual.
La medicina a su vez, nos lleva a conocer “¿cómo piensa el psicoanálisis del sexo?”, develando la realidad simbólica de la sexualidad como un juego identificatorio que da pauta, nuevamente de la “normalidad”, de acuerdo al contexto cultural, social y religioso. Freud y Lacan a través de la palabra, permiten mirar los alcances del “orden simbólico”.
Continua “Neurosis y cuerpo enfermo. En busca de una escucha para el cuerpo doliente”, lo cual deviene de esta socialización dicotómica arbitraria, que utiliza el lenguaje como una forma de asimiliación colectiva de lo “normal-anormal”, y habla acerca del eficacia simbólica y de sus alcances en términos represivos a partir del lenguaje, sobre la psique, generando estados de salud-enfermedad y reemplazando a la culpa por la enfermedad. Y la pregunta es ¿porqué continúan intentando patologizar las realidades sociales?, ¿porqué la insistencia de definir a la ignorancia como una enfermedad?
El tema del “Virus de Papiloma Humano y sus consecuencias en la salud sexual y reproductiva”, es un tema del que se ha hablado poco ya que tiene relación con las mujeres y su negada sexualidad. A pesar de que el VPH es una de las principales causas para desarrollar cáncer cervicouterino, es decir, es un problema de salud pública, el grueso de la población sigue imaginando a las mujeres como vientres fecundables, desprovistos de la capacidad de elección, lo cual deja de lado a las mujeres como urgente en materia de derechos sexuales, derechos reproductivos y salud pública. La demanda de educación sexual en todos los niveles de educación no es aún una necesidad colectiva, ya que pasa por la moral y “las buenas costumbres” -lo que eso signifique para cada quien-, teniendo como resultado real, el ejercicio de la sexualidad marginal, clandestina, sin distinguir que finalmente las personas ejercemos nuestra sexualidad y que tendríamos que tener información científica y laica, para el disfrute pleno de la misma y para asumir las decisiones con base en los riesgos de manera informada y responsable. Las mujeres y los varones tenemos que cuestionar los encargos de género dado que no son naturales y siguen reproduciendo relaciones desiguales y violentas.
Por otra parte, el tema de las personas transexuales y transgénero, sigue siendo un tema “joven”, que genera toda clase de mitos y estereotipos por la falta de información al respecto, sin embargo, en “el tridimensionalismo jurídico de la transexualidad”, nos da una clave de ruta social y política para abordar el tema de manera interinstitucional, en donde tendría que sumar el ejercicio de la ciudadanía como una forma de abordaje desde la colectividad misma, en la urgente necesidad de armonizar las leyes y la implementación de políticas públicas, adecuando a la realidad social los principios de derechos humanos y los tratados internacionales signados por nuestro país.
El tema que ha revolucionado en México la lógica heterosexita, surge a partir de los movimientos feministas y el de la disidencia sexual. Disentir de la norma a partir de un ejercicio sexual no heterosexual, monógamo y reproductivo, ha permitido en diciembre de 2009 llegar a la homologación del derecho al matrimonio y concubinato, como un reconocimiento de derechos en igualdad y equidad. Sin embargo, “el orgullo gay, ¿una liberación sexual?”, evidencia como las identidades gays han caido en el falso terreno de idealizar la hipermasculinidad, la condición económica, la raza y sobrevalorar el hedonismo, contraviniendo la idea misma de la “liberación sexual”, es decir, cuestionar los dogmas heterosexuales y falocéntricos. Frente a estas particularidades colectivas que dan claves de socialización en uno y otro sentido, los movimientos sociales, tendrían que seguir siendo casos convertidos en causas, que nos permitan coincidir en temas comunes. La disidencia sexual como cuestionante de la familia, la educación sexual, los medios de comunicación y los roles de género, es un trabajo a largo plazo y que pasa por lo persona, llegando a lo colectivo.
Esta experiencia pudimos vivirla en la discusión en la Asamblea Legislativa del DF de octubre a diciembre de 2009 y durante la ratificación de constitucionalidad hecha por la Suprema Corte de Justicia de la Nación entre julio y agosto de este año, al dejar clara la lógica evolucionista de las familias, del ejercicio de la sexualidad no con fines exclusivamente reproductivos y develando mitos que habían sido convertidos en realidades. Consolida las argumentaciones de derechos humanos, por la no discriminación y por la dignidad de toas las personas, sin distingos. El reto es cuestionar el matrimonio no como una reproducción heterosexual, reinventarlo en términos de equidad, donde finalmente las lesbianas, los homosexuales y las personas transexuales hemos sido educadas(os) como mujeres y hombres, con los mismos encargos de género. Habrá que apropiarnos de los discursos y redefinir la conciencia colectiva donde privilegiemos la no discriminación, cuestionar los privilegios de la posición económica, el género, la raza, la edad y la salud.
Por último la idea de problematizar esta lucha a partir de “los homosexuales como extranjeros”, me parece una clave de lectura imprescindible para cuestionar la dominación masculina –que Bourdieu ha teorizado- como una división dicotómica masculino/femenina, introduciendo el concepto de violencia simbólica en términos de lenguaje, en donde la “naturalización” ha sido una asignación arbitraria, que replica la lógica dominador-dominado, responsabilizando al dominado de la violencia ejercida sobre él. Habría que repensar las acciones colectivas como una lucha simbólica que cuestionen el orden simbólico, además de la implicación que tiene en una lucha social avanzar por el cese a la homofobia, en donde loa varones homosexuales tendrían que ser confrontados e involucrarse en la deconstrucción de las mujeres como figuras devaluadas, repensar la misoginia y la lesbofobia en el activismo, la participación política y la socialización como una ruta real de liberación sexual, de igualdad y equidad en la práctica, no en demagogia.
Palabras leidas por la M. Lol Kin Castañeda Badillo en la presentación de la Revista # 2 de Estudios de Antropología Sexual realizada el domingo 26 de septiembre del 2010 en el Museo Nacional de Antropología e Historia.
martes, 28 de septiembre de 2010
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