A México le define su composición pluriétnica y
multicultural, somos un verdadero mosaico de tradiciones, religiones,
ideologías y la única similitud la hace posible, la Constitución Política
Mexicana al garantizar que todas estas diferencias, sean reconocidas con los
mismos derechos. Lamentablemente y a través de la historia, las diferencias han
sido utilizadas para justificar la desigualdad en todas sus asimetrías, por eso
el avance de los derechos humanos es contra mayoritario.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ha
analizado la Constitucionalidad del matrimonio civil igualitario en distintos
momentos, dejando claro que no puede ser un privilegio entre un
hombre con una mujer y para procrear, por el contrario, debe garantizarse como un
derecho para dos personas y con iguales requisitos, derechos y
obligaciones, tal como lo establece el principio de igualdad, no discriminación
y el respeto a los derechos humanos. ¿Es la SCJN una institución reconocida por
los gobiernos y partidos políticos en México? Si lo es, ¿qué falta para
armonizar la Constitución y los códigos civiles que vulneran a determinadas
personas mexicanas?
Nuestra sociedad no puede seguir ignorando que existen
distintas estructuras familiares, que no todas las familias dependen de un
vínculo consanguíneo, ni comienzan con la procreación. Sugerir que solo
la familia tradicional (mamá, papá e hijas(os) deba gozar de derechos representa
una provocación para polarizar a la sociedad. Esas mujeres que han elegido
ser madres
solas, e incluso aquellas en las que el varón no se hizo responsable
¿no deben tener derechos de familia? Y qué sucede con dos personas mayores que
deciden vivir juntas y no van a procrear ¿no deben gozar de derechos y
obligaciones?
Insisto, ampliar un derecho civil para que más personas
lo puedan ejercer, no le resta nada a esas personas interesadas en el bienestar
de la familia, seguirán gozando de sus derechos.
Tenemos en nuestro país un elemento clave para
desfragmentar esas fronteras imaginarias que intentan legitimar la desigualdad, se
llama laicidad y es un principio para destacar aquello que nos
une, no lo que nos separa. Implica la posibilidad de que en una misma
sociedad existan distintas religiones, culturas, ideologías, siempre que no
atenten contra la libertad, los derechos humanos, ni pretendan una
imposición para el resto de la sociedad. Se basa pues, en la igualdad de
derechos y en el ejercicio público sin discriminación.
Cada persona ha sido formada bajo un sistema de valores y
tradiciones distintas entre si, por eso el papel del Estado es garantizar
que cada una tenga el mismo derecho y con los mismos requisitos sin importar la
religión, preferencia sexual, identidad de género, ni ninguna otra. Puede
no gustarte
que dos mujeres vivan juntas y expresen su afecto públicamente, pero
si lo piensas bien, eso no te resta a ti nada ¿porqué tendrían entonces
que dejarte opinar al respecto?
Las Marchas por la Familia
son muestra de la falta que hace igualar derechos, promover el respeto y
facilitar contenidos por la inclusión. Nada más pedagógico para resolverlo que
el matrimonio igualitario. Tenemos mucho que hacer, empecemos este día por dar
argumentos y no caer en provocaciones.
Lol Kin Castañeda Badillo
Defensora de derechos humanos
@lolkincast
Este texto fue publicado en Mexican Times
el 10 de septiembre de 2016
http://themexicantimes.mx/mexico-familias-y-laicidad/
el 10 de septiembre de 2016
http://themexicantimes.mx/mexico-familias-y-laicidad/