Matrimonio civil igualitario: un derecho llave
Prejuicios van, argumentos vienen…
En
México los derechos humanos (DDHH) son garantizados por la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos (CPEUM), deben reflejarse en todas la
leyes, programas, códigos, normas y políticas públicas que se implementen, sin promover
distinciones. En los hechos, las diferencias de sexo, género, edad, identidad,
color de piel, preferencia sexual y tantas más, son la justificación de la desigualdad
que nuestra sociedad atesora en sus códigos de discriminación, imaginándolos
parte de la “naturalidad” con la que debemos relacionarnos.
Hay
quienes reclaman con fuerza: “que todas
las opiniones son válidas” y coincido si estas son vertidas en una cantina,
pero de ninguna forma, si están vinculadas al reconocimiento de los DDHH; el
respeto no puede condicionarse, “te
respeto pero estudia otra cosa, no te vistas así, no demuestres tus afectos,
no…”; o respetas o no.
Voces
conservadoras decían: “por qué insisten en hacer eso que ya ni los
heterosexuales quieren…”. La distinción en ese comentario supremacista y
su pretensión de decidir sobre la gente, sus libertades y derechos, es que haya
una persona que quiera casarse y no pueda por estar limitado el derecho.
Pese
a todos los prejuicios que prevalecen en nuestro país respecto del matrimonio
civil igualitario (MCI), es muy clara la CPEUM al señalar que TODAS
las personas deben gozar de los mismos
derechos, con los mismos nombres. La Suprema Corte de Justicia de la
Nación (SCJN) ha ratificado la Constitucionalidad del MCI por ser un tema de
garantías a los DDHH, de respeto a la dignidad, que promueve la igualdad y
desarticula la discriminación reconociendo a todas las estructuras familiares
con igualdad de derechos. Recientemente emitió la jurisprudencia 43/2015 que declara
que el MCI no puede tener la condicionante de reproducción (respetando los
derechos sexuales y derechos reproductivos) y que ese contrato civil no puede
ser exclusivo entre un hombre con una mujer. Esto no significa que el MCI se
legalizara en México, pero si ofrece criterios legales que evidencian que la
discriminación y la desigualdad hacia parejas del mismo sexo, es legitimada por
gobiernos irresponsables y sus legislaturas y ante ello, garantiza el derecho
mediante amparo para quien pueda costear su aspiración a la justicia.
La
discusión del MCI no tiene argumentos en contra, solo descalificaciones para justificar
“quién lo tiene garantizado y para qué”.
Hablamos de una figura jurídica entre pares, que no daña a terceras personas.
Más allá de su valor simbólico, del amor, del tiempo de la relación o de las
razones que tengan, lo que destaca es que el MCI es un derecho llave. Con este,
dos personas son reconocidas como familia; pueden compartir seguridad social;
pueden tutelarse; pueden tener hijas(os) y gozar de derechos plenos; incluso pueden
sujetarse en pareja a un proceso para adoptar; los bienes que tengan deben ser
sucedidos a quien enviude; tienen el derecho a vivir sin violencia por parte de
la pareja; y por supuesto, al divorcio con una división de bienes equitativa,
es decir todos los derechos que contempla y que podrán ser usados de acuerdo a
cada pareja.
Quienes
atentan contra nuestra inteligencia pretenden hacernos pensar que si dos
personas por decisión personal deciden casarse, eso ocasionaría un colapso en
la sociedad. Por el contrario, ha quedado claro a más de cinco años de que el
MCI entrara en vigor en la Ciudad de México, la sociedad es más respetuosa no
porque ya no haya prejuicios, sino por que hay leyes claras que promueven la
igualdad.
Lesbianas
y homosexuales anhelamos lo que cualquier persona: ser feliz, tener un trabajo,
amar, desarrollarse plenamente, gozar de salud… nada extraordinario. Son muchos
los beneficios del respeto en una sociedad, destaco la libertad.
Nada
ha sido suficiente para homologar las leyes en México y construir con ellas una
sociedad justa. Seguimos escuchando pretextos, mitos, prejuicios sosteniendo la
idea de que las diferencias entre las personas deben garantizar la desigualdad.
El poder legislativo en los Estados no tiene nada que discutir, la SCJN deja
ver que aún cuando pretendan ignorar el tema o sugerir debates, los códigos
civiles que niegan el MCI están aplastando a las personas. La sociedad civil
busca la forma de defenderse de su propio gobierno y lo vamos a lograr. Quienes
gobiernan, quienes legislan sin cumplir su encargo de representar serán
recordadas por no cumplir con la CPEUM.
Parafraseando
a Pierre Bourdier, la violencia simbólica son códigos
culturales por medio de los cuales se “explica” a la violencia como “la
consecuencia de los actos de quien la vive”. Renunciemos a la violencia
y a la desigualdad. Usemos este derecho llave como pretexto para dialogar con nuestros prejuicios y
respetar a todas las personas sin condicionarlas. Si el Presidente Enrique Peña
Nieto hace un llamado concreto a garantizar MCI en todo el país, si los
gobiernos estatales interpretan las leyes constitucionalmente y sin vulnerar a
las personas, entonces habremos fortalecido la democracia y facilitado nuevas
reglas sociales con principios de igualdad. Sirva el trabajo conjunto entre
sociedad civil, entes públicos y medios de comunicación para edificar un mejor México
en donde nadie quede sin derechos.
Lol Kin Castañeda Badillo
Defensora de derechos humanos
@lolkincast
lolkincast@gmail.com
Este texto se publicó en
Suplemento Todas número 89, 27 de julio, 2015
Grupo Milenio e Instituto Nacional de la Mujeres
http://inmujeres.gob.mx/index.php/sala-de-prensa/suplemento-todas
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