El
pasado 01 de abril se cumplieron 15 años de Matrimonio Civil Igualitario en
Holanda, fue ahí donde comenzó a ser cierta esta medida civilizatoria del nuevo
siglo. Anne Marie Thus y Helene Faasen serían la primera pareja de
lesbianas en gozar del reconocimiento vindicatorio del Estado, de todos
los derechos contenidos en esta figura, además de ser impulsoras del cambio
social por la dignidad.
En
condiciones de riesgo y tan solo aprovechando un vacío legal, el 19 de marzo de
2016 Sofía Grozovsky y Lynne Reid le arrebataría al Estado Ruso el
respeto a sus derechos humanos y dignidad al satisfacer los requisitos
de matrimonio civil y obtener el derecho.
El
más reciente avance para el tema fue el pasado 07 de abril de 2016, cuando la Corte
Constitucional Colombiana, determino válido el matrimonio civil
igualitario.
Contrastes
entre sociedades que corrigen sus omisiones expandiendo
el reconocimiento de derechos versus sociedades que pretenden sostener
la desigualdad como un bien cultural. Parece no quedar claro que los
derechos humanos no pueden estar condicionados, o se garantizan plenamente o se
están vulnerando. Nada que sea ajeno al contexto mexicano.
En
la Ciudad de México logramos este avance el 21 de diciembre de 2009,
con un amplio consenso de sociedad civil y con un claro compromiso legislativo.
Esta modificación ha cambiado no solo la cultura, también las leyes locales y
ha detonado una discusión a nivel nacional. Hagamos aquí una
pausa, pues debemos tener claro que subir el tema sin consenso ni
articulación garantiza solo una foto y luego el olvido. La discusión no
basta, los debates testimoniales sin resultados, no pueden ser la aspiración. Necesitamos
que las cosas sucedan.
Tenemos
legislaciones, fallos judiciales, argumentos constitucionales suficientes para
que en todo México se reconozca el matrimonio igualitario, no por la vía
del amparo sino como un derecho civil sin requisitos extras.
Solo así el principio de igualdad sería real.
Algo
sucede: las y los representantes ciudadanos además de ignorar su obligación de
respetar la Constitución, han aprendido el fino arte de pulir el lenguaje derechohumanero,
como si eso les exentara de llevarlo a lo hechos. Tenemos un eslabón perdido,
ese que se garantiza con laicidad, ese que logra hacer de un principio de no
discriminación, una medida permanente de vida en su sociedad. El
eslabón perdido es aquel que más allá de la religión del gobernante,
comprende que respetar y reconocer todos los derechos a todas las personas frena
la desigualdad y la violencia social. El eslabón que podemos forjar es el del reconocimiento a los derechos
humanos, sin condiciones ni excusas.
La Ciudad
de México con sus derechos y libertades la hemos construido los movimientos
sociales, la sociedad civil organizada, muchas veces en suma con el
Partido de la Revolución Democrática. Si bien, en ocasiones les he hecho
críticas, reconozco también que han sido un vehículo para transitar y fortalecer
los tantos temas en los que coincidimos. Este partido decide renovar el
compromiso con las causas que lo fundaron hace 19 años y compartir espacios ideológicos
para construir la Constitución CDMX. Así, si me sumo, como portavoz de distintas
temáticas que habrán de ser contenidas en la Carta de la CDMX, en nuestro
intento de aspirar a la libertad, la igualdad y la felicidad.
No
existe un argumento para sostener en México la desigualdad hacia personas
lesbianas, homosexuales, bisexuales o trans, por ello es inaplazable que
quienes gobiernan nuestro país actúen responsablemente y dejen sus dobles
discursos, no basta con fingir respeto, necesitamos acciones reales ya.
Lol Kin Castañeda Badillo
Defensora de derechos humanos
@lolkincast
Este texto fue publicado en Mexican Times
el 21 de abril de 2016
http://themexicantimes.mx/igualdad-el-eslabon-perdido/
el 21 de abril de 2016
http://themexicantimes.mx/igualdad-el-eslabon-perdido/
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