Lesbianas
y homosexuales hemos tenido que resistirnos ante una sociedad que sigue negando
nuestra existencia. Amar a alguien no se justifica como razón de desigualdad,
aún cuando la inercia cultural sostenga que las diferencias otorgan
calificaciones para pertenecer a la hegemonía. Nada más fuerte que el amor para diluir
fronteras y vivir con dignidad.
Dicen
que las
costumbres hacen derechos y coincido con esa descripción, sin embargo, ni todas las costumbres son lícitas y respetuosas,
ni los derechos pactan la perpetuidad
social. Lo que un día se aceptó como pacto en una sociedad, puede
representar una violación a las libertades y la igualdad de otro grupo, ergo, habrá que cambiarlo. La definición
que hiciera Benito Juárez del matrimonio civil, hoy no podría ser sostenida
en sus mismos términos, las sociedades cambian y con ello los
argumentos.
Desde
el 21
de diciembre de 2009 el matrimonio civil dejó de ser el privilegio entre
hombre y mujer, garantizando un derecho a dos personas de igual o distinto sexo. Esta es la primera certeza hacia
la igualdad, reconociendo que más allá de las diferencias, todas las personas
gozarán de los mismos derechos. Los avances en derechos humanos no hacen
retroceder a nadie, por el contrario, podemos valorar sus bondades en
la medida que no aplasta a nadie, ni pretenden someterle a una realidad
impuesta. A toda la sociedad nos beneficia reconocer realidades negadas y
facilitar el cambio social.
Más
allá de la simpleza en la explicación, seis años después de iniciados los
cambios en México y tras un año de
que la Suprema Corte emitiera la Jurisprudencia que define
Constitucional al Matrimonio Igualitario, permanecen las omisiones y resistencias
de los gobiernos. Ante esa inexplicable realidad de tener personas con derechos
y personas
sin derechos, con base en su preferencia sexual, continuamos en la rebeldía
de vivir con dignidad. Hemos tenido que aprender a sublevarnos ante poderes
fácticos, las buenas costumbres y la doble moral, siendo sus administradores
quienes cobran renta ante la desigualdad.
Sostenidos
sobre sus prejuicios, han comenzado una campaña para polarizar a la sociedad
entre “buenos y malos”. Esta cruzada de las buenas conciencias,
es en realidad un discurso de odio que a nadie hace bien. Insisten en enseñar a
sus hijas e hijos a tener miedo, a odiarnos. Les han usado como lienzos
publicitario para exigir el derecho a tener una mamá y un papá,
frente a lo que pregunto, las mujeres que son mamás solas (por
decisión, por que el hombre no se responsabilizó, por divorcio, por muerte…)
¿son un peligro para sus hijas e hijos? ¿se los van a quitar para asignarlos a
una pareja idónea como la que promueven? ¿qué buscan obtener?
Han
rebasado los límites de la libertad de expresión, pues si bien
las asociaciones religiosas podrían no coincidir con nuestros estilos de vida,
hacer brincar la cerca de su rebaño para perseguirnos y sostener derechos
disminuidos y diferenciados, comprueba el llamado al linchamiento
social. Obispos, Cardenales y asociaciones de familias pretenden
hacerse pasar por víctimas de la censura o dicho desde sus propias alegorías,
como mártires
de la libertad de expresión. El suyo, es discurso de odio pues
son llamados dirigidos en contra de personas lesbianas y homosexuales, a partir
de justificar la desigualdad entre los derechos (sin que expliquen su
afectación). A este primer elemento le suman sus opiniones humillantes y violentas,
basadas en la ignorancia pero con un profundo eco a partir de los códigos
culturales que compartimos, anclados en prejuicios y dejando ver que
de los grupos conservadores depende que no avancen los derechos y con ello el
mal. Todo esto tiene una clara intencionalidad, no es emitir una
opinión, sino imponer su criterio, al costo que sea.
En
Morelos constatamos como el clero presionó en los Municipios para que sus
regidores votaran en contra de la Constitución Mexicana y sus principios. Jorge
Dada de Movimiento Ciudadano, Laura Herman Muzquis del Partido Verde, Grethel
Strebel del Partido Encuentro Social, Modesta Ruiz del PAN, fueron sus
principales operarios, en contra de su responsabilidad de garantizar los
derechos humanos. Librando la descalificación y la violencia, ganó la sociedad,
¡nadie sin derechos!
No
nos van a detener. Pusimos una queja ante la Secretaría de Gobernación para que
sancionen a las Asociaciones Religiosas y sus representantes que han violado la
ley con estos hechos, pero sobre todo, para detenga la violencia hacia nuestras
familias. No vamos a permitir que sigan dividiendo a nuestra sociedad, somos
parte de ella, una parte valiosa. Queremos los mismos derechos que nuestra
Constitución Política le reconoce a cualquier persona mexicana, pues eso somos,
sin privilegios ni ventanillas especiales.
Ni
clósets ni vitrinas, derechos iguales para frenar la violencia y vivir con dignidad.
Lol Kin Castañeda Badillo
Defensora de derechos humanos
@lolkincast
Este texto fue publicado en Mexican Times
el 29 de junio de 2016
http://themexicantimes.mx/la-rebeldia-del-amor/
el 29 de junio de 2016
http://themexicantimes.mx/la-rebeldia-del-amor/
1 comentario:
Me parece muy acertado tu escrito y debo decir que no sólo lo comprendí, también lo sentí. Creo que si buscáramos comprender menos y sentir más, comprenderimos más. Ser ser humano es ser ¡todos derechos!, ser ser humanos es ser ¡todo lo que uno y una quiera ser! ¡¡Viva la diversidad, pese a la maldita unicidad!!
Publicar un comentario