lunes, 7 de diciembre de 2015

Derechos humanos, sin humanos

En México tenemos una Constitución Política (CPEUM) que da certeza al reconocimiento y respeto de los derechos humanos, de ella deben desprenderse las leyes, reglamentos, normas y demás instrumentos que definan las relaciones sociales con base en el reconocimiento de la diversidad.

En cualquier foro -incluidas las cantinas-, puedes escuchar la definición intelectual respecto a “lo que son los derechos humanos”, pero en menos casos, esas personas “entienden humanamente” aquellas realidades que permanecen marginadas y sujetas a la desigualdad.

La clase política conservadora (de cualquier partido político), plantea consensar si debe aprobarse el matrimonio civil igualitario (MCI) sin importarles que retrasen el acceso a derechos de lesbianas y homosexuales, a diferencia de  heterosexuales. No entienden que es un asunto de respeto a derechos y que éstos, no pueden estar condicionados. Estas reformas son contra mayoritarias y  han sido analizadas por la máxima instancia impartidora de justicia, es decir la SCJN, dejando claro que la Entidad de México que restrinja el matrimonio solo entre una mujer con un hombre y/o les imponga fines reproductivos, es inconstitucional.

¿Nuestra CPEUM no alcanza para garantizar igualdad? ¿Cómo es que quien administra un Estado, ignora los principios constitucionales de igualdad y no discriminación y no tenga una sanción? ¿Cuánto pagan los gobiernos por impedir el ejercicio de derechos a una persona?

Hace 6 años éramos un pequeño grupo de personas quienes impulsamos MCI, tuvimos que tener mucho valor y colocar argumentos donde solo había prejuicios. Ahora hay más de 6 mil parejas que gozan de derechos, ganamos decenas de amparos para compartir seguridad social y para casarse fuera del DF. La implementación fue replicada en Quintana Roo y Coahuila, además de que el “debate” ha sido detonado en otras entidades en las que no alcanza la intelectualidad a “ceder” esos derechos, que prefieren “preservar” para personas heterosexuales, que avanzar afirmativamente por una sociedad con respeto y armonía.

En cada caso de MCI resuelto, la SCJN ha corregido las injusticias de las autoridades vindicando la dignidad de las personas afectadas, transformando “un proyecto” en “una resolución colegiada” y ha dejado claro que si bien México tiene muchas realidades e identidades, ellas no pueden continuar justificando la desigualdad y su consecuente violencia.

Mientras no hagamos de las teorías y las leyes una forma de vida, los derechos humanos estarán lejos de proteger a las personas. Seguirá siendo común hablar de realidades no construidas y escuchar la promesa de la paridad, como algo que no merece el ahora. Dice Enrique Peña Nieto que las mujeres podrán tener la mitad de algo que él no ofrece en la composición de su gabinete. Dice la SCJN que es inconstitucional prohibir el MCI y no hay procesos que finquen responsabilidades a gobernadores y personas servidoras públicas, por fomentar la desigualdad. Dicen que las niñas y los niños no deben ser invisibles, cuando en realidad la infancia es solo una aspiración, lejos de ser garantizada.


Pese a todo aún hay organización social acompañando los procesos sociales, exigiendo la rendición de cuentas y buscando métodos para librar el autoritarismo. Pronto será el día en que tengamos claro que gozar de los mismos derechos y transitar con igualdad hace que la sociedad tenga justicia y los valores que prevalezcan sea el respeto, la dignidad y la libertad, por cierto, nada que ahora nuestra CPEUM no garantice.

Lol Kin Castañeda Badillo
Defensora de derechos humanos
@lolkincast

Este texto fue publicado en Mexican Times
02 diciembre 2015

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